Con bastante frecuencia escucho la frase “quiero ser más feliz”, y podría decirse que esas 4 palabras son un denominador común en la gran mayoría de los seres humanos. En los navegadores de internet como Google o Yahoo, la frase “cómo ser feliz” sigue siendo una de las más buscadas. Y aunque me encantaría tener una varita mágica para hacer felices a todos los que me preguntan cómo serlo, la vida no funciona así. Nadie más puede hacernos felices, no nos ‘convertimos’ mágicamente en personas felices, DECIDIMOS construir nuestra felicidad.

 

Antes que nada, es importante aclarar algunos mitos acerca de lo que es y no es ser feliz.

La felicidad NO es:

-Sentirse bien todo el tiempo: La vida tiene momentos buenos y momentos malos, y las emociones como la tristeza o el enfado son necesarias. Sentirse bien siempre no sólo es imposible, sino que desadaptativo.

-Tener mucho dinero y vivir una vida con lujos: La felicidad no puede comprarse ni regalarse, hay cosas mucho más importantes que el dinero en la balanza de la vida.

-Un destino: La felicidad no es una meta a la que llegamos, y no viene de afuera. Ser feliz es una manera de vivir. No podemos pasarnos la vida esperando conseguir lo que queremos para ser felices, porque muy probablemente, cuando lo consigamos buscaremos otras cosas que nos faltan para ser felices.

 

Entonces pues, ¿qué es la felicidad? Todos tenemos una definición distinta de la felicidad; sin embargo, a grandes rasgos se puede decir que la felicidad es la satisfacción con la vida que tenemos y con lo que somos, y el bienestar que sentimos en el día a día. No se trata de ser inmunes al sufrimiento, al dolor, a la tristeza o al enfado; sino que al poner nuestra vida en una balanza, sintamos una plenitud de ser quien somos y de vivir la vida que vivimos.

 

Volviendo a la pregunta de: cómo ser feliz

 

Un estudio realizado por Sonja Lyubomirsky concluyó que el 40% de nuestra felicidad depende de nuestros pensamientos, comportamientos y actividades diarias. Es decir, hay mucho que podemos hacer para mejorar nuestro bienestar y para construir nuestra felicidad:

 

Practica la gratitud-

Según un estudio realizado por Richard Emmons, tu nivel de felicidad puede aumentar en un 25% si practicas la gratitud. Siempre hay algo por lo que podamos estar agradecidos. Muchas veces nos enfocamos en aquello que nos falta o deseamos, y nos olvidamos de ver aquello que tenemos. Tómate un minuto cada noche para pensar en 3 cosas por las que sientes gratitud de ese día.

 

Saborea la vida

El corre corre que vivimos hace que momentos extraordinarios del día a día pasen desapercibidos. Por ejemplo, el reflejo del sol, la sensación del viento en nuestro cuerpo, un sabor delicioso de algún alimento; la calidez de un abrazo, el efecto de una sonrisa o una palabra cariñosa. Aprende a vivir el momento presente, a saborearlo, a existir con plenitud. Ponle atención a tus sentidos y empieza a darte cuenta de todo lo que te rodea; de los sonidos, olores, sabores, y vistas que a diario pasas por alto.

 

Maneja tus emociones

Esto es esencial, si las emociones te controlan, significa que tú no tienes el control de tu vida. Esto no se trata de dejar de sentir las emociones, sino más bien, de aprender a regularlas de manera adecuada.

 

Acepta-

Si puedes cambiar una situación, haz todo lo posible para hacerlo; pero si no puedes cambiarla, cambia tu actitud. No es resignación, pero entre más pronto aceptas una situación que no puedes cambiar, más pronto encontrarás otro camino. Podemos pasarnos la vida entera tocando una puerta que no va a abrir nunca, o podemos elegir cambiar de puerta.

 

Disfruta

La vida no es sólo trabajo y responsabilidades, una parte esencial de la vida es aprender a disfrutarla. Haz tiempo para ver a seres queridos, para reír, para practicar un deporte que te encanta, para tocar un instrumento que te guste, para salir a pasear por el campo. Piensa en lo que hace vibrar tu corazón, y hazlo.

 

La felicidad es una elección, elige ser feliz este y todos los días de tu vida.